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Más bicis



Pareciera que lo razonable sería que si incrementamos la cantidad de bicicletas en la calle también incrementaríamos la cantidad de accidentes ciclistas, atropellados y bicis blancas: ese cenotafio escalofriante que nos recuerda que un ciclista perdió la vida. Sin embargo, la ecuación de más bicicletas en la calle trae justo lo contrario. 

Un incremento en las personas que eligen usar la bicicleta como su medio de transporte, representa siempre, como se ha comprobado en diferentes ciudades del mundo, la más importante condición para aumentar la seguridad, no solo de los ciclistas sino de todos los usuarios de la calle. 

El uso masivo de bicicletas trae efectos inmediatos que provocan una ciudad más segura en términos viales. La presencia constante de ciclistas y el incremento de su visibilidad suele terminar por fijar en el imaginario colectivo al pedaleante como un usuario más de la calle con el que hay que compartirla y que debe ser respetado. El proceso de visibilización de los ciclistas desarrolla y modifica hábitos en el automovilista, provocando que se vuelva una costumbre fijarse en las bicicletas; y que así como hoy, generalmente, un auto no se acerca demasiado a otro, respeta su lugar en el carril y circula detrás de él; el tiempo terminará por provocar que lo mismo pase con los ciclistas. 

Si bien es clave para incrementar el tráfico ciclista el desarrollo de infraestructura apropiada que segregue donde sea necesario e indique con claridad que debe hacer cada usuario de la calle y es clave incrementar el conocimiento colectivo en materia de cultura vial, el factor más significativo en lo que a seguridad ciclista concierne es la presencia de más ciclistas. Ningún otro elemento es tan efectivo en la reducción de accidentes. 

Por otra parte tenemos que un aumento de ciclistas en la ciudad puede provocar por si solo una disminución en la velocidad de algunas zonas, si esto se combina con estrategias de zonas de tráfico reducido y accesibilidad preferencial, tenemos grandes áreas de la ciudad moviéndose a velocidades humanas y no de máquinas, que permitan la integración social real, la recuperación del uso humano del espacio público, y las consecuentes recuperaciones económicas y legitimación del proceso comunitario de hacer política y ciudad. 

El aumento bicicletero también colabora a decrecer el número de delitos en la vía pública. A diferencia de los automóviles o la mayoría de los usuarios de transporte público, el aumento de bicicletas en la calle, como el de peatones, incluye también una presencia constante de más personas y ojos que, con simple presencia; ayudan a vigilar la calle, complican la acción delictiva y colaboran a convertirla en un lugar más seguro. 

La presencia masiva de bicis también suele mejorar las condiciones ambientales de los barrios que domina; menos humos y menos ruido son al menos dos factores fundamentales para mejorar la calidad de vida de las personas. 

Cualquier programa gubernamental de bicis no debe estar centrado, ni en temas estrictamente ambientales, ni de seguridad a los ciclistas, ni de espacio público. El objetivo debe ser simplemente lograr más bicis.


Originalmente publicada en Maspormas.

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