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Mostrando las entradas de diciembre, 2009

La ciudad que puede ser ciudad

Por Juan Palomar Verea
Para "La ciudad y los días" columna de El Informador.

Para cualquier estudioso serio de los problemas urbanos hace mucho que quedó claro: el automóvil es un agente de disolución y deterioro para la ciudad. Habría que recordar un hecho esencial: las urbes, dentro de la tradición occidental –y con raras y fallidas excepciones– estuvieron pensadas a la medida del hombre. De su capacidad para recorrerlas, reconocerlas, operarlas. Esto, inmerso en un sistema de relaciones vecinales y barriales en las que el sentido de comunidad proveía un sustento vital para el desenvolvimiento de los individuos.

El análisis de los planos de las ciudades canónicas en el desarrollo de la humanidad da cuenta de esta condición. La disposición de las urbes virreinales, con sus calles tiradas a cordel y uniformemente distribuidas, conforme a las ordenanzas de Felipe II, propició un gran equívoco cuando el advenimiento del automóvil tomó fuerza: bastaba ampliar el espacio de rodamie…