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Ciclistas y ciclo rutas

Myriam Vachez. Mural.


Ni nuestra Ciudad ni nuestros modernos hábitos están hechos para los ciclistas. Cuando vemos a alguno arriesgando su vida entre autos y autobuses, envuelto en humos de escape, lo primero que sentimos es conmiseración. Sin embargo, rápidamente, este sentimiento deja lugar al hastío y el mal humor hacia ese inconsciente que nos estorba, nos impide ir a la velocidad que deseamos y al que, mal que bien, tenemos que tomar en cuenta.

¿Qué no entiende que las calles son para los coches? Años y años de planear una ciudad para autos, de asumir que el coche es in-dis-pen-sa-ble (al grado que hoy podemos jactarnos de duplicar el promedio nacional de vehículos por habitante), de ampliar avenidas eliminando casas, edificios y camellones, todo para que los afortunados automovilistas (27 por ciento de la población) podamos avanzar a nuestras anchas por la Ciudad, y ese "bicicletero" nomás no entiende, pensamos con enojo para acallar nuestra conciencia que, en voz baja, nos dice que merecería una ciudad que lo respetara y le diera su lugar.

Luego, unas cuadras más lejos, atrapados en uno de esos embotellamientos cada día más grandes y más frecuentes, vemos a nuestro ciclista rebasarnos tranquilamente por la derecha y lo único que podemos sentir es envidia. Sí en estas condiciones adversas logra llegar a su destino antes que nosotros, ¡qué sería si dispusiera de cómodas ciclovías!

En la presente Administración Municipal de Guadalajara muchos están convencidos de que crear ciclovías y estratégicas ciclo-rutas es, sino la única, sí una de las muy buenas soluciones que existen para mejorar la movilidad urbana. Desplazarse en bicicleta no sólo permite traslados más rápidos, dicen los defensores de este medio de transporte, sino que contribuye a reducir la contaminación ambiental y, además, nos da la oportunidad de hacer el indispensable ejercicio cotidiano que tanta falta hace a los citadinos que somos.

Otras voces, como la del Cardenal Juan Sandoval, declaran que prefieren el Metro a la bicicleta. Evidentemente, no hay mejor transporte colectivo que el Metro: rapidísimo, directo, desplaza a cientos de personas a la vez y tampoco contamina. Su único inconveniente es lo caro que cuesta, pero coincido con el Cardenal en que es, de lejos, el transporte colectivo de elección.

Sin embargo, una cosa no impide la otra, y me parece que una ciudad moderna, una ciudad comprometida con el cuidado del medio ambiente y con mejorar la calidad de vida de sus habitantes (y la posibilidad de llegar a algún destino de manera rápida y segura, redunda necesariamente en una mejor calidad de vida) tiene la obligación de ofrecer estos dos medios de transporte. Si a las ciclovías y al Metro se sumaran tranvías eléctricos de carril exclusivo, autobuses no contaminantes, también en carril único, con rutas lógicas y horarios precisos y aceras en perfecto estado bordeadas de árboles para aquellos que prefieran caminar, estaríamos casi casi en el Edén, sin nada que pedirle a las ciudades europeas, estadounidenses, e incluso latinoamericanas, que nos presumen, haciéndonos palidecer de envidia, sus magníficos sistemas de transporte y su bien organizada vialidad.

Que si en París se rentan bicicletas por hora y las puedes dejar en cualquier ciclopuerto de la ciudad. Que si en Londres se paga una cuota especial por entrar en auto a la City. Que si en San Francisco los horarios y las rutas de los autobuses están señalados en las paradas y llegan puntuales como trenes. Que si Bogotá, que si Curitiba... Y mientras tanto, nosotros, que podemos llegar a contar en apenas dos cuadras, a ambos lados de la Avenida Alcalde, hasta 20 autobuses urbanos rebasándose mutuamente a las 10 de la mañana (es decir, prácticamente vacíos), seguimos con los pasos a desnivel y tratando de solucionar problemas de estacionamiento.

¿Qué es lo que impide que una ciudad modernice rápidamente sus sistemas de transporte e incluya opciones "verdes": la falta de recursos o la falta de voluntad?, ¿o las dos?

Se podría dudar de la validez de hacer esfuerzos y gastar dinero para apoyar un medio de transporte como la bicicleta, utilizado sólo por el 2.2 por ciento de la población, y concluir que más vale gastar en mejorar drásticamente el transporte público, pero cuando nos enteramos, por encuestas, que si la Ciudad contara con ciclo-rutas seguras y atractivas, los usuarios de bicicleta aumentarían al 19 por ciento, entonces ya no caben las dudas. Porque esto quiere decir que los tapatíos queremos cambiar nuestros hábitos, que ya conocemos los múltiples beneficios del transporte no motorizado y que si no lo adoptamos es simplemente porque no hay quién nos facilite un poco las cosas: lo anterior queda demostrado con el éxito de la Vía RecreActiva y de los Paseos Nocturnos iniciados el año pasado, que se han multiplicado y que cada semana cuentan con más adeptos.

Guadalajara se ha comprometido, con el recién creado Consejo de Movilidad no Motorizada y Vía RecreActiva, a implementar por lo menos 10 kilómetros de ciclo-rutas. Por mi parte, convencida de su necesidad, lo único que pediría es que se cuidara mucho la seguridad, separándolas de los carriles para autos con una amplia banqueta. ¿Qué opina usted, estimado lector?

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