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Guadalajara suburbana.



Son las siete y media de la mañana de un día laboral cualquiera. Jorge Márquez Pérez, directivo de una consultora, se apresura para salir de su casa. Vive ‘muy a gusto’ desde hace más de 20 años en Ciudad Bugambilias, exclusivo fraccionamiento suburbano al sur de Guadalajara.
Tiene un compromiso a las 8:45 pero ya se le hizo tarde. El lugar no queda muy lejos de su casa: en la zona de Chapultepec, a unos 15 kilómetros en línea recta, sin embargo, Márquez sabe que puede tardar más de una hora en llegar, por el tráfico en la avenida López Mateos.
Márquez es uno de los miles de tapatíos suburbanos que circulan por esa avenida, la única vía “rápida” para más de 150 fraccionamientos en el suroeste de Guadalajara.
Antes tenía su oficina por la zona de Chapultepec, pero hace dos años la cambió a Pinar de la Calma, más cerca de su domicilio. “Saqué cuentas”, dice, “por lo menos 35 minutos en cada traslado y soy de los que acostumbran comer en casa. Tardaba 140 minutos diarios en traslados; una día a la semana; cuatro al mes y más de 50 al año; casi dos meses de tiempo perdido en el año”.
La zona urbana de Guadalajara más que se duplicó en 37 años; pasó de 20,000 hectáreas en 1970, a casi 45,000 en 2007. En ese lapso la población creció 120%, pero el número de automóviles pasó de 80,000 a poco más de un millón en 30 años –hasta el año 2000-.
Vivir dentro de la ciudad o irse a los suburbios, como lo hizo Márquez, es un dilema cada vez más presente en las decisiones de compra de vivienda para los tapatíos, en particular para quienes pasan de los 30 años y ya tienen familia. La oferta de vivienda en las colonias tradicionales, como Chapalita o la Moderna, es pequeña si se compara con los nuevos desarrollos suburbanos, pero con paciencia se pueden encontrar muchas viejas casonas a muy buenos precios.
La ciudad ofrece ventajas como restaurantes y lugares de diversión, mientras que el estilo de vida de los suburbios promueve seguridad, tranquilidad y espacios abiertos.
Con los precios actuales (8 o 9 pesos por litro), el gasto en gasolina anual, recorriendo 20,000 kilómetros, puede ir desde 10,000 pesos en los vehículos pequeños y ahorradores hasta más de 20,000 en las grandes camionetas.
Tiempos posmodernos.
Hace más de 25 años que Javier Gallardo Verduzco, contratista, decidió comprar una casa para que sus tres hijos tuvieran amplios espacios para jugar. Optó por una vieja casa en la colonia Moderna, en donde ahora vive con su esposa (sus hijos ya se independizaron). Esta colonia ofrece algunas opciones de vivienda para quienes prefieren permanecer y disfrutar la metrópoli.
La colonia Moderna, proyectada en 1906 por la Compañía de Obras y Bienes Raíces de Guadalajara, ha ligado su destino al del ferrocarril, para bien y para mal, desde el trazado de sus calles con la vía del ferrocarril como referencia hasta la desbandada de sus pobladores y la caída de los precios de los terrenos, en 1993, como consecuencia del descubrimiento de diesel en el subsuelo causado por la paraestatal Ferronales (un problema relativamente bajo control ahora).
El modelo inspirador de la Moderna fue el concepto de ‘ciudad-jardín’ del urbanista británico Ebenezer Howard (1850-1928), quien proponía conjuntos que combinaban zonas habitacionales e industriales en un entorno arbolado.
A pesar del descuido reciente todavía quedan vestigios del diseño original, con lotes de un mínimo de 700 metros cuadrados, avenidas de 23 metros de ancho y banquetas de 2.5 metros mínimo, limitadas por prados de cinco metros al frente de las casas.
Las ventajas de las señoriales mansiones de los primeros años se convirtieron en problemas para la reventa con el paso del tiempo. “Es necesario repoblar nuevamente la colonia y con gente joven”, considera Javier Gallardo, “nos vamos a quedar sin gente; nos estamos convirtiendo en una colonia fantasma porque las casas de cinco o seis recámaras no son funcionales en estos tiempos de familias pequeñas”. Gallardo reconoce que ha vivido muy bien porque “la colonia es tranquila y está muy bien comunicada”.
El uso mixto del suelo de la Moderna ha facilitado que sobrevivan fábricas como Laboratorios Pisa y comercios diversos. Las instalaciones de Televisa ya son parte del paisaje, además de iglesias de varios credos, centros de investigación, oficinas y despachos. Gran parte de la oferta de bienes raíces en la avenida Alemania (una de las centrales) está orientada al uso comercial.
Los suburbios de López Mateos
La versión tapatía de las ciudades satélite inició a finales de los años 70. De los fraccionamientos campestres de lujo al principio, en los años 90 se pasó a los cotos, colonias cercadas.
Ciudad Bugambilias, creada en 1975, fue uno de los primeros fraccionamientos construidos al suroeste de la ciudad. El proyecto original está contemplado para 10,000 familias. Aunque la mayor parte de la colonia está construida, principalmente en la primera sección (jardines) todavía hay terrenos disponibles y el precio por metro cuadrado va desde 4,000 a más de 6,000 pesos. Muy cerca de ahí, El Palomar es el otro fraccionamiento típico de la época.
Si en los años 70 la clave era el espacio abierto y arbolado, la situación cambió radicalmente para mediados de los 90 cuando la seguridad se convirtió en el factor determinante de los nuevos desarrollos suburbanos, conocidos ahora como cotos, con caseta de vigilancia de ingreso y casas construidas con el mismo estilo arquitectónico, y club con alberca, canchas de tenis y sala para reuniones.
Este modelo se multiplicó en varias zonas de la metrópoli y para propiedades de muy diversos precios: desde Puerta de Hierro y Royal Country, que tienen precios superiores a los 3 millones de pesos, hasta viviendas de interés social de menos de 700,000 pesos. Grandes áreas de la ciudad, en particular el norponiente y la prolongación de López Mateos, cambiaron su fisonomía y ahora se ven como pequeños feudos.
Los estilos de vida urbana y de los suburbios, representados por Javier Gallardo, en la zona céntrica, y por Jorge Márquez, en los suburbios, se mezclan y compiten en esta ciudad que nunca fue lo suficientemente moderna, pero que ya tiene indicios de posmodernidad.

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