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El poder de los precios.

En tiempos en que se ha puesto de moda criticar el funcionamiento de los mercados, es interesante constatar cómo los elevados precios de la energía están afectando el comportamiento de los consumidores, especialmente en los Estados Unidos. Desde allí están llegando noticias que apuntan a cambios de conductas que, de mantenerse en el tiempo, provocarán cambios de tendencias muy profundos.
En primer lugar, hay que anotar la caída brutal en las ventas de vehículos deportivos utilitarios (SUVs), hasta el punto de que las grandes compañías automovilísticas están discontinuando su producción. La moda de los SUVs ha sido el principal factor determinante del aumento en el consumo de gasolina en transporte, y su fin es una gran noticia.
En segundo lugar, llama la atención el vuelco hacia el transporte público, especialmente en ciudades donde éste está bien desarrollado. Las cifras muestran aumentos entre 10 y 15% en ciudades como Boston y Nueva York. Esto a su vez ha sido acompañado por cambios en los valores de las propiedades, en favor de aquellas más cercanas a las ciudades y a las estaciones de transporte público. Otra buena noticia.
También se advierten signos de que se detiene la expansión a fuera del radio urbano. La combinación de altos costes de mantenimiento y calefacción de casas muy grandes, con el mayor coste del transporte asociado a la lejanía de los centros urbanos, podría revertir una tendencia acumulada durante décadas.
Más cerca nuestro, en estos días se informaba del aumento de 30% en las ventas de bicicletas en Chile, en parte como reacción a los mayores precios de los combustibles.
No es casualidad que en los países europeos, que han gravado con impuestos altos a la gasolina, se usen autos más pequeños y eficientes, las ciudades estén más concentradas y los sistemas de transporte público estén más desarrollados. Ellos también están sufriendo los efectos de las alzas de precios de energía, pero el coste que están pagando es menor, gracias a un uso más eficiente de ésta.

Los precios están haciendo bien su trabajo. Quizás lo único malo es que todavía hay muchos países donde los consumidores finales no tienen la oportunidad de actuar. En países productores de petróleo y gas, los consumidores han sido “protegidos” por generosos subsidios. De más está decir que éstos favorecen a ricos y derrochadores. En otros se piden rebajas de impuestos a los combustibles, lo que también terminaría siendo regresivo: el fisco contaría con menos recursos para sus gastos sociales o desarrollo de infraestructura, para que los automovilistas paguen más barato por un combustible cada vez más escaso y nocivo.
Los altos precios de los combustibles están logrando lo que muchos discursos de ecologistas, por muchos años, han venido propugnando sin éxito: un cambio hacia patrones de consumo más eficientes en el uso de energía. Es de esperar que esto contribuya a que se revalorice el rol que pueden jugar los mercados para lograr un desarrollo económico consistente con la preservación del patrimonio natural.

Por: Joaquín Vial.
Vía: La segunda.

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