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Pekín: su contaminación atmosférica.

Mirando de reojo al cielo, los pequineses cuentan los días que faltan para la inauguración de los Juegos Olímpicos, que se abren este viernes. No en vano, el principal rival a batir en Pekín 2008 será la contaminación, el mayor problema de esta congestionada megalópolis de 16 millones de habitantes que suele estar cubierta por una espesa capa de niebla gris que impide que se vea el sol.
Sin embargo, las drásticas medidas puestas en marcha por el Gobierno parecen estar surtiendo efecto y, durante los últimos días, se ha disipado dicha neblina y ha aparecido sobre la ciudad un inusual cielo azul que ha sorprendido a sus habitantes. Algo que parecía imposible hace un mes, como ver nubes blancas y un sol radiante en Pekín, se está convirtiendo poco a poco en una realidad, aunque este milagro pende de un hilo no sólo por la polución, sino también por la particular meteorología de la capital china.
El problema es que, si no llueve o no sopla viento, vuelve a concentrarse sobre la ciudad una neblina asfixiante que hace aún más bochornoso el calor húmedo del verano pequinés, que recibe los últimos coletazos del monzón que recorre el Sureste Asiático cada año por estas fechas. Por otra parte, también hay riesgo en caso de que se produzcan fuertes vientos, que pueden traer, como ocurre en primavera, las tormentas de arena del cercano desierto del Gobi, a sólo 180 kilómetros, y el humo que despiden las fábricas en las provincias colindantes, como Mongolia Interior o Hebei.
«Los datos recogidos desde el pasado 20 de julio demuestran que ha habido una mejora en la calidad del aire, lo que refleja que han sido efectivas las medidas de recortar el tráfico y clausurar las obras y fábricas», explicó a la agencia AP el subdirector de la Oficina Me-dioambiental de Pekín, Du Shaozhong.
Para frenar la contaminación que ahoga a la ciudad, hace dos semanas que el Gobierno detuvo la actividad en 9.000 obras, cerró 200 fábricas y retiró de las calles a la mitad de sus 3,3 millones de coches, obligando a circular un día a los vehículos con matrícula par y al siguiente a los de placa impar.
A pesar de tan drásticas soluciones, que tuvieron un efecto inmediato sobre el cielo de Pekín, la neblina volvió al cabo de pocas jornadas. En principio, los índices de contaminación bajaron la mitad hasta marcar un 44 el pasado miércoles, pero al día siguiente subieron de nuevo hasta 60.
Se entrenan en Japón y Corea
Para los parámetros chinos, un nivel por debajo de 50 es bueno y entre 50 y 100 es moderadamente aceptable, pero dicha escala es mucho más permisiva que la utilizada por los países occidentales y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, la semana pasada hubo cuatro días con índices superiores a 100, considerado pernicioso para el organismo.
Dicho repunte de la contaminación, que empañó la colorista apertura de la Villa Olímpica, sumió en la frustración a las autoridades, que ya planean nuevas medidas más contundentes. «Si hay condiciones meteorológicas desfavorables y el aire no alcanza los estándares oportunos, habrá que iniciar un plan de contingencia», advertía la semana pasada un comunicado del Gobierno.
Dicha actuación de choque prevé reducir aún más el tráfico y cerrar otras 105 fábricas en Pekín, 56 en Tianjin, otra metrópolis industrial situada a 140 kilómetros de la capital, y 61 factorías más en varias urbes de la provincia de Hebei.
Por fortuna para los 10.500 atletas, algunos de los cuales han optado por entrenarse en Japón y Corea del Sur para evitar la contaminación de la capital china, las lluvias de los últimos días han limpiado el ambiente, pero han despertado la duda de si la reducción de la polución se debe a dichas precipitaciones o a las medidas del Gobierno.
De todas maneras, y para prevenir males mayores, algunos deportistas ya están utilizando mascarillas especiales, como los de Nueva Zelanda y Japón, y otros, como el equipo femenino de hockey británico, han sorprendido con unas lentillas especiales de color rojo para ver mejor entre la neblina. También los hay más precavidos, como el corredor etíope Haile Gebrselassie, que ha optado directamente por no disputar la maratón al temer que la polución pueda dañar su asma.
Y es que Pekín es una de las capitales más contaminadas del mundo, ya que el extraordinario crecimiento industrial de las tres últimas décadas se ha producido sin control medioambiental.
Récord mundial de polución
En China, donde se ubican 16 de las 20 ciudades con más polución del planeta según el Banco Mundial, el 27 por ciento de sus 341 mayores urbes y 116 millones de personas padecen unos niveles de contaminación en el aire muy peligrosos, al tiempo que el 70 por ciento de los ríos y lagos están seriamente degradados y 300 millones de habitantes no tienen agua potable.
En el último medio siglo, la emisión de gases contaminantes a la atmósfera se ha multiplicado por nueve, destacando como principales agentes nocivos las centrales térmicas de carbón que pueblan el país (que suministran el 70 por ciento de la electricidad que requiere su imparable consumo energético), el humo de las chimeneas que desprenden las cada vez más numerosas fábricas y los coches que han proliferado por la mejora del nivel de vida.
Tal y como aseguran algunos expertos, China superó hace tres años a Estados Unidos como el país que más sustancias contaminantes expulsa a la atmósfera, ya que liberó 25,49 millones de toneladas de dióxido de azufre. Debido a estas emisiones, la lluvia ácida riega ya un tercio de la superficie nacional, incluyendo vastas extensiones de cultivo, y a 298 grandes áreas urbanas.
Según la Unión Europea, sólo el 1 por ciento de los 560 millones de chinos que componen la población urbana respiran un aire considerado seguro. Pero este problema no afecta sólo al coloso oriental, ya que numerosos estudios han denunciado que la polución llega hasta Corea del Sur y Japón y que incluso cruza el Océano Pacífico para alcanzar California.
Uno de los elementos más dañinos para la salud son las diminutas partículas en suspensión que flotan en el aire, que proceden del polvo de las obras, los aerosoles y el hollín y tienen menos de diez micras de diámetro (PM 10). En Pekín, dicha tasa es entre tres y cuatro veces superior a lo permitido por la OMS, pero peor aún es el PM 2.5, otro elemento contaminante que resulta de la quema de combustible. Esta sustancia, mucho más nociva que la anterior, se halla en la capital china en unas concentraciones entre un 50 y un 200 por ciento por encima de las normas occidentales.


Por todo ello, 400.000 personas mueren al año en China debido a enfermedades pulmonares y cardiovasculares relacionadas con la contaminación, 300.000 perecen por la polución interior y la mala ventilación de las viviendas y 60.000 pierden la vida por diarrea, cáncer de estómago y otros males vinculados a la deficiente calidad del agua.
Además de este alto coste humano, la polución ya supone unos gastos que ascienden a unos 100.000 millones de euros, el equivalente al superávit comercial chino de 2006.
Lluvia artificial
Por no mencionar, por supuesto, el grave fracaso de imagen que supondría suspender alguna prueba deportiva porque el aire no reuniera las condiciones oportunas. Para que eso no ocurra, y con el fin de que los cielos luzcan azules durante la ceremonia de inauguración, el Gobierno chino tiene previsto bombardear el cielo con unos misiles cargados de yoduro de plata, sal o nitrógeno. Al impactar en las nubes, dichas sustancias catalíticas provocan de manera artificial la lluvia porque liberan hidrógeno, que entra en contacto con el oxígeno de la atmósfera.
A falta de cinco días para la inauguración, los pequineses se preguntan qué pasará esta semana mirando de reojo al cielo.

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