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Este siglo será el de las ciudades: Jaime Lerner

Le llaman el Al Gore del urbanismo. Jaime Lerner (Curitiba, Brasil, 1937) fue durante 11 años alcalde de Curitiba y llevó a cabo una revolución sin precedentes en una ciudad suramericana. Inventó un sistema de autobuses más eficaz que el metro y peatonalizó el centro de la ciudad en 72 horas. "Innovar, es empezar", resume.
Arquitecto, urbanista y político, es hoy una referencia en la concepción de ciudades sostenibles. De 2002 a 2005 fue presidente de la Unión Internacional de Arquitectos. Ahora se dedica a la acupuntura urbana: intervenciones puntuales en ciudades de todo el mundo que modifican el desarrollo de su trama urbana. En Madrid, dice, todavía no le han pedido que clave sus agujas, pero estuvo de visita, la semana pasada, para dar una conferencia en La Casa Encendida.

Pregunta. ¿Por qué "la ciudad no es el problema, sino la solución"?

Respuesta. Hay una visión muy pesimista de las ciudades. La mayoría piensa que las de más de cinco millones de habitantes o que no tienen recursos no tienen solución. Y cuando se proyecta la tragedia, se encuentra. Este siglo será el de las ciudades. En ellas están todas las respuestas a la solidaridad: vivienda, salud, atención a los niños, la movilidad...

P. ¿Qué es la calidad de vida en una ciudad?

R. La ciudad debe mezclar las funciones y a los habitantes. Hay que mezclar renta, edades, religiones... Cuanto más heterogénea, más humana. La calidad de vida tiene que ver con eso.

P. ¿Considera que Madrid es una ciudad moderna?

R. ¿Moderna? Eso no quiere decir mucho. Si eso significa expandir la ciudad, eso no es bueno. Si significa ocupar mejor el centro histórico, entonces moderna es bueno. Hay gente que quiere vivir en la ciudad fuera de la ciudad. Se debe evitar que la vivienda esté lejos del trabajo, eso desperdicia la energía de los ciudadanos. Madrid puede mejorar la movilidad.

P. Madrid acaba de estrenar una megaobra de soterramiento de una vía de circunvalación. ¿Cree que es una solución a la movilidad?

R. No creo. Las grandes obras viales, autopistas o túneles son la manera más rápida de cambiar un punto de congestión por otro. En Toronto, por ejemplo, tienen una vía de circunvalación fantástica. Rapidísima. Pero para salir de ella tardas dos horas. En cualquier caso, estas infraestructuras se tienen que hacer para salir de la ciudad y no para entrar.

P. ¿Y los coches?

R. El coche es como la suegra: hay que tener buenas relaciones con ella, pero no podemos dejar que mande en nuestras vidas. En otras palabras, si la única mujer de tu vida es tu suegra, tienes un problema. París encontró una solución: además del metro, supo promocionar la bicicleta. Cada 300 metros hay un punto de bicis. Eso es fundamental. Tiene que haber de todo en una ciudad: metro, bus, taxi, bici... La única condición es que jamás compitan por el mismo espacio.

P. Usted peatonalizó una gran avenida en 72 horas. Es partidario del efecto sorpresa en estas obras. ¿Por qué?

R. Tres razones. Evitar la propia burocracia. Luego, una vez tomada la decisión política, hay que ejecutarla rápido. Y tercero, sirve para evitar nuestra propia inseguridad. A veces hay ideas muy buenas y les damos tantas vueltas que no las llevamos a cabo. Innovar es empezar.

P. ¿Es partidario de que se asuman grandes deudas para las infraestructuras?

R. Si quieres creatividad, quita un cero o dos al presupuesto.

P. En Madrid se ha hecho una gran apuesta por el metro. ¿Vale la pena potenciar el autobús como lo hizo usted en Curitiba?

R. Hay que metronizar al bus. No se puede esperar tantos años a que se construya una línea de metro. Hay que operar en la superficie. En Nueva York han estado discutiendo la línea de Second Avenue desde hace 50 años. La van a empezar ahora y tardarán 20 años. 70 años para construir una línea que costará 4.000 millones de dólares y que no transportará más pasajeros que el bus que pasa por mi casa.

P. Eso en Curitiba.

R. Sí. Es un bus en el que pagas antes de entrar. Opera como un metro. Pasan cada 30 segundos. Embarcas en el nivel del bus. Eso es calidad de vida.

P. Ese modelo necesita una ciudad con avenidas. No funcionaría en un casco antiguo como el de Madrid.

R. No hay necesidad de cruzarlo. Es como el mago que atraviesa con espadas la caja con la mujer dentro. El centro es la mujer. Y la magia es sólo que las espadas pasan tangencialmente y no la pinchan.

P. El turismo se ha convertido en un arma de doble filo para las grandes ciudades.

R. Sí. Sólo es bueno si lo es para los habitantes de la ciudad. Y un parque temático es lo peor que les puede pasar. Más vale la gracia de la imperfección que la perfección sin gracia. Las divisiones temáticas desintegran la ciudad. El mejor ejemplo de calidad de vida es la tortuga: tiene vivienda y trabajo juntos. No se puede dividir una ciudad en apartados de vivienda, ocio, trabajo...

P. ¿Barcelona es un mal ejemplo de ciudad turística?

R. Corre el riesgo de sobrepasar el límite. Es como una mujer demasiado maquillada sin necesidad. El Ensanche o el Palau de la Música son de las mejores cosas del mundo. Pero luego va y llega el Fórum... [pone cara de asco]. Estar a la moda no significa ser contemporáneo.

P. ¿Y qué le parece la moda de los arquitectos estrella y el efecto Guggenheim?

R. Estamos orgullosos de nuestras estrellas, pero lo que necesitamos es una constelación de arquitectos preocupados por sus ciudades. Se puede hacer buena arquitectura pensando en la gente, y no sólo en el propio ego. Se hacen demasiados museos. Y el mejor es la ciudad.

P. Usted aboga por la intervención puntual, la acupuntura urbana.

R. El planeamiento de una ciudad lleva tiempo. Pero a veces una acción puntual, un pinchazo, puede crear una nueva energía y ayudar a ese proceso. Es una contribución. Y no tiene que ser muy caro. La de Bilbao fue la gran acupuntura, pero hay otras, como la pirámide del Louvre, que solucionó un problema histórico.

P. Hay una ley en Madrid que prohíbe hacer edificios de más de cuatro pisos. ¿Qué le parece?

R. La ciudad no puede tener miedo a la densidad. No se puede ser tan radical.

P. ¿Cómo se recupera el centro de la ciudad?

R. Lo más importante es traer vida. Eso es vivienda, jóvenes y universidades. Que vuelvan al centro. Los grandes complejos universitarios han retirado a los jóvenes de la sociedad.

P. ¿Qué modelo de ciudad europea representa los valores que usted defiende?

R. Las ciudades europeas son heterogéneas. No ocurre en los países en desarrollo o en EE UU, donde cada vez se necesita más el coche y la ciudad está dividida en sectores temáticos.

Daniel Verdú, - Madrid - 29/10/2007. El País.

Comentarios

  1. Excelente entrevista Felipeno...
    con tu permiso la voy a reproducir en mi blog. Saludos!

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  2. Lo mejor es eso de: el coche es como la suegra.

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  3. Si, lo de la suegra es muy cierto y la vida cuando la suegra controla tu vida debe ser tan terrible como la ciudad dominada por el auto.

    Jaime Lerner definitivamente se adelanto a su epoca con su vision de una ciudad para los ciudadanos y no para los coches.

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