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A jugar golf


Por: Jesús Carlos Soto "el negro"*

Compas, hoy (Viernes 14 de Noviembre del 2008) leí la columna de Diego Petersen en Público. Comparto con algunos la tristeza de leer su moderada complicidad con las decisiones del Estado (invertir, donar, regalar…$1,000,000 de dólares para el LPG femenino en GDL). Por otro lado entiendo sus argumentos, casi como si me los hubieran recetado desde chico, casi como si me hubieran acostumbrado a ellos, casi como si fueran naturales, normales y ciertos. Efectivamente apela a la lógica del sistema en que vivimos. Esa lógica yo la resumo en una frase: "aceptar vivir esperando vivir mejor a costa de las decisiones de los encargados de tomarlas". Pasividad, resignación y fé ciega. Así vivimos. "No tienen idea de cómo funciona el mundo", me dijo ayer un tipo furioso y me plantó el sello de ignorante en la frente. Y entonces me falta entender que darle nombre mundial a Guadalajara es una excelente estrategia, que atraer turismo dará muchas chambas (ser cadi ha de ser genial, vender refrescos también y limpiar las camas del hotel mucho mejor). Es cierto, un torneo de golf no es lo mismo que un santuario de los mártires (cada quién tiene distintos feligreses). Sí, quizá soy muy ignorante, sé muy poco de nada. Estudié cuatro años de filosofía quizá en vano. No soy un experto en historia de ella, ni me especialicé en filósofo alguno (aunque tengo mis favoritos). No soy un filósofo que reconozca una sabiduría básica desde la cual el mundo debiera organizarse. Ni creo en que la filosofía tenga la última o la primera palabra. La filosofía para mí es ante todo capacidad para indignarse y rebelarse. Es sensibilidad. Es duda. Es desconfianza y es también certeza, de que aquello que pienso que esta mal, aún contra toda intuición y toda otra verdad, puede tener algo de cierto, es por algo. Y entonces comienza el largo proceso de indagación. La filosofía no me pone en un plano superior a nadie. No me hace más listo. Quizá nomás un tanto precavido y escéptico. Aún así, nunca habré dudado lo suficiente. Me pregunto entonces, ¿lo que queremos es una mejor ciudad? ¿Queremos simplemente que esta sea más amable con el medio ambiente, que de más oportunidades para todos, que este más linda y mejor pensada? ¿O queremos que deje de ser la perfecta justificación de un modelo de vida que subsiste a costa de muchos otros seres, millones de bocas sometidas a la exigencia de sobrevivir, millones de individuos pasivos y enfermos porque les han arrebatado su voluntad de soñar y ser por sí mismos? ¿No es lo que queremos una ciudad que no sea de autómatas sino de individuos autónomos, capaces de convivir entre sí sin suponer un esquema previo de dominación, de jerarquía? Siempre el adulto sabe más que el niño, siempre el maestro más que el alumno, el político más que los ciudadanos, el académico más que el obrero, el hombre más que la mujer, los urbanos más que los campesinos, casi todos más que los indígenas, los sacerdotes más que los feligreses, dios más que todos, la ciencia más que la experiencia, los saberes más que la práctica, el diPUTAdo más que el limpiabotas o el taxista, etc... Y así vivimos esperando que un día llegue el mejor líder, el mejor indicado para tomar las buenas decisiones. Quizá algo así sea inevitable (pienso en lo positivo de un Obama dadas las circunstancias). Yo siempre lo dudaré. Quizá estamos a años luz de encarnar otro tipo de organización social. Quizá estoy infectado de radicalismo o idealismo romántico y siempre me toparé contra la imposibilidad.

A lo mejor ayer algunos nos excedimos, nos expusimos a la cara del poder de manera cruda y visceral; a lo mejor concedimos demasiado al mostrarnos y tan pocos. Quizá sea mejor plantearnos qué hacer de ahora en adelante. Si la apertura al diálogo se ve truncada o es una mera fachada para agotar las fuerzas y limar las asperezas sin ofrecer nada a cambio... ¿Qué podemos hacer? Creo que vamos por el mejor camino cuando apostamos por los niños y los jóvenes, sólo en ellos radica el germen del cambio. Creo que tenemos que pensar en tácticas más listas, sacudir bien el Internet y esas herramientas que también nos ofrecen protección, apertura y amplitud. También actividades lúdicas, el juego siempre va a ser nuestra mejor arma. Ayer me sentí incómodo en la protesta porque sentí que nos faltaba jugar más, estábamos repitiendo un patrón y modelo antiguo, que ha perdido su efectividad. Más cuando somos tan pocos. Más cuando nos identifican y luego podrán acosarnos. No es que me de miedo, pero albergo la duda de si será la mejor estrategia. Mi pasión me empujaría a hacer cosas más estúpidas, como abrir un hoyo en la maya y correr desnudo por el campo de golf. Pero mi razón que es hija del sistema (le conoce un poco) me dice, "ah ah, alerta, son muy pocos como para lograr algo". Necesitamos seguir creciendo la red y el apoyo, necesitamos crecer los argumentos, multiplicar el discurso local, armarnos hasta los dientes de poesía y de razón. Saber fusionarlas. No volvernos caras frías, serios, perros buldog esperando el hueso. Hay que inyectarle a esta ciudad una risa soberbia y desengañada. Y hay que tener cuidado con nuestras alianzas. Podemos compartir ideales y luchas, pero quizá las maneras son por ahora también las que importan. También me pregunto, ¿y no será que la ciudad quiere tener torneo de golf? ¿Que para muchos es un gran sueño, un buen motivo, un logro? ¿No es la esperanza de muchas generaciones verse algún día en el reflector? y entonces si es así nosotros salimos sobrando y vivimos en una ciudad que no quiere vivir distinto sino que la dejen aspirar a eso.

A lo mejor toca que nos mudemos a otro lugar y partamos de nuestras convicciones. Una comunidad de bicicleteros con hortalizas y permacultura, sin jerarquía, de cada quien algo y para cada quién el sustento y la libertad absoluta. Quizá en algún momento eso toque. Hoy apuesto a que todavía podemos hacer ruido y no dejar intacta esta ciudad. Pero estoy seguro de que debemos afinar las estrategias. Íbamos bien y podemos retomar el rumbo. Hay que darle el poder a la imaginación y no a la costumbre. Hagamos desayunos, paseos en bici, pintemos muros, monumentos, símbolos rupestres en la calle. Caminemos chuscamente, entremos a los bancos a contar chistes, vayamos a comer con los indigentes, los ancianos abandonados, ¿sacamos a pasear en triciclo a las viejitas del asilo de Mexicaltzingo?, ¿proyectamos documentales en el espacio público con nuestros propios recursos? ¿Filmamos los absurdos de nuestros actos cotidianos? ¿Perseguimos a un camión de la basura para dibujar su ruta? ¿Llenamos de globos el congreso, sin decir nada más? ¿Damos clases gratis a los niños en la calle? ¿Nos paramos un día cualquiera y armamos un fiestonón en la banqueta? ¿Hacemos autos macetas, abrimos un café-biblioteca comunitario? ¿Un hostal gratuito? ¿Conseguimos locales para plantar nuestro parque? ¿Pintamos nuestras ciclovías? En fin, ¿armamos una revolución urbana "silenciosa"? Está difícil. El tedio está cabrón. Las leyes están difíciles. Para muchos, la economía y el trabajo es una pinza paralizante. Con el discurso vamos a convencer a pocos adultos. ¿A los jóvenes? ¿Los seducen más los actos extraños y lúdicos y después hablamos de algo que podría ser y no es? Baudrillard dice que la seducción es distinta al poder. La seducción no te dice lo que deberías hacer mediante el discurso, la seducción te muestra la apariencia de lo real. Te planta la duda. Te muestra que tu mundo no es tal como lo piensas, pero no te dice cómo es....te deja que lo inventes...Les dejo el hilo de la discusión....estoy triste y alegre al mismo tiempo, asustado y furioso. Aunque por sobre todo, quiero sonreír, salir a la calle y cambiar muchas cosas. Pero no sin cómplices. No sin hermanos. Ni a lo pendejo ni por ceguera. A desengañarnos y proponernos.....y si no se puede ¿armamos un camión escolar lo equipamos con regadera y nos vamos de gira a encontrar un mejor lugar para vivir? ¿O nos planteamos otra manera de vivir en la ciudad? ¿Rediseñamos casas? ¿Les abrimos espacios comunitarios? Ahhh....vamos....que la rutina no nos atrape...que el cansancio de vivir así no me mate...

suyo
el alumbrado

*Jesus Carlos Soto es egresado de Filosofía en el ITESO y miembro del colectivo Ciudad para Todos

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