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Educar para el uso de la bicicleta



La bicicleta debería ser el medio de transporte por excelencia de los jóvenes entre 14 y 18 años. El vehículo, no es un juguete, sino un compañero que otorga libertad e independencia para movilizarse mientras hacen la transición a la vida adulta.
La bicicleta debería tener un puesto importante dentro de los 12 primeros años de la educación obligatoria. Deberíamos enseñar a los niños desde temprana edad que la bicicleta es un medio de transporte limpio, saludable y económico. Entrenarlos en el uso correcto de la bicicleta, de las leyes de tránsito, de la mecánica, de sus riesgos y como evitarlos, de sus deberes y derechos como conductores de un vehículo, y otorgarles los medios necesarios para que, llegado el momento, puedan transitar correctamente en calles junto a tráfico motorizado.
Este proceso educativo debería incluir ejemplos relacionados con la bicicleta en las clases de física, tecnología o civismo y debería enfatizar a la bicicleta como una alternativa verde en los cursos de naturaleza. Debería integrar el uso de la bicicleta en los cursos de educación física e incluir cursos optativos referentes a la bicicleta, su diseño, su ingeniería y su mecánica.
La bicicleta es parte de la vida de los niños desde muy chicos. Los sistemas educativos deberían motivar a los niños para que saquen provecho de su bicicleta y para que cuando crezcan, y sean adultos, tengan la conciencia de que la bicicleta es también un medio de transporte y hasta el momento, la única alternativa verdaderamente sustentable y práctica para movilizarse dentro de las ciudades.
Hoy más que nunca existe la necesidad de dar a los niños y jóvenes la posibilidad de ir a sus centros de estudio de manera segura. Muchas comunidades sufren de gran congestión vehicular alrededor de las escuelas y los niños son sometidos a los efectos nocivos de las emisiones de los vehículos motorizados. Al mismo tiempo, los niños en general realizan cada vez menos actividad física, contribuyendo a la creciente epidemia de obesidad. La creación de rutas seguras a las escuelas podría ayudar a solucionar estos problemas que a primera vista parecieran no estar relacionados, mediante un programa de acción coordinado que este orientado a permitir que el viaje a la escuela sea seguro tanto para peatones como para ciclistas, pero haciendo énfasis en las bicicletas, dado que estas otorgan más independencia y pueden seguir siendo utilizadas como vehículo una vez que los jóvenes dejen la escuela.
Gran parte del tráfico en las horas pico en la mañana, se debe al ingreso a las escuelas. En la medida que el número de estudiantes que se moviliza a pie o en bicicleta a la escuela continua decreciendo, el tráfico motorizado se incrementa y los padres se convencen aún más de que caminar o pedalear a la escuela no es seguro para sus hijos. Entonces, los padres piensan que la forma más segura para sus hijos es el auto, pero no se dan cuenta que al manejar a la escuela contribuyen a la congestión y por lo tanto aumentan los riesgos derivados del tráfico vehicular como: atropellos, contaminación y ruido en las cercanías de las escuelas. Es un círculo vicioso que crea una espiral negativa que nadie quiere pero contra la cual es difícil actuar individualmente.
La única manera de revertir esta tendencia es con su opuesto, un círculo virtuoso, que inicie en el apoyo a los alumnos que se desplacen por medios no motorizados a la escuela. Estos niños merecerían protección, con las herramientas que tenemos a nuestra disposición: la ingeniería, las leyes y la educación. Así cada vez más niños tendrán la oportunidad de ir por sus propios medios a la escuela, disminuirá la cantidad de autos en los alrededores de los colegios, los padres se sentirían mas seguros de dejar ir a sus hijos caminando o en bicicleta al colegio y así se refuerza el ciclo continuamente.

Texto adaptado del Proyecto Escuelas Ciclables del Ministerio de Educación chileno

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