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Bicicletas Blancas

Por Alfredo Hidalgo Rasmussen.
Para la columna "Cita en la ciudad" en el Informador.


Solidaridad, responsabilidad, igualdad y respeto, trayectos con calidad de vida para todos: el fomento al uso de la bicicleta es eso y mucho más, es un acto a favor de todos, nos hace mejores a nosotros, hace mejores a los demás. Moverse en bicicleta por la ciudad es hoy una aspiración inobjetable de una generación más urbana que nunca, pero tal vez también, más irresponsable que nunca.

La colocación que se hará hoy de cuatro bicicletas blancas en distintos lugares de Guadalajara, tal como ocurre en decenas de ciudades en el mundo cuando muere un ciclista en un accidente de tránsito, es triste y frustrante; habla muy bien de la solidaridad de los ciclistas, pero muy mal de nuestra cultura vial, reglamentos y autoridades, que no han establecido acciones eficientes para una política de movilidad y espacios públicos, que atienda integralmente a peatones y ciclistas. Seguir construyendo una ciudad que no ofrece seguridad de tránsito a sus habitantes más vulnerables es irresponsable.

La bicicleta es durante nuestra infancia, el primer vehículo que nos permite descubrir la independencia y la posibilidad de ampliar los trayectos a partir de nuestra propia fuerza motora. Es mágica, es sentir a partir de nuestro esfuerzo la velocidad del viento sobre el cuerpo. Es cómplice de grandes momentos, muchas cosas percibimos y aprendemos entonces. Después, cuando la bicicleta vuelve a ser nuestra compañera como medio de transporte en la ciudad, la gozamos y vienen recuerdos; pero además, somos conscientes de sus grandes beneficios: es saludable, ecológica, sostenible y económica.

Con todos esos recuerdos, con todas esas ventajas, saber de un accidente vial donde resulta muerto un ciclista, resulta frustrante, injusto. Una lucha desequilibrada se escenifica todos los días en las calles: el automóvil, gladiador motorizado, que contamina, que consume energía para mover una tonelada y sólo transportar 80 kilos, contra la bici, que con escasos 15 kilos, sin motor, sin contaminar, sin desgastar calles ni generar baches, transporta a la misma persona de 80 kilos. El primero tiene toda una red vial, leyes, seguros; la segunda no los tiene.

Ante problemas de movilidad y contaminación en nuestra ciudad, la responsabilidad cívica de los automovilistas al ver un ciclista debería ser aplaudirles, agradecerles que no están congestionando, ni contaminando, ni diciendo groserías, ni estacionados obstaculizando pasos peatonales o rampas, ni condicionando el desarrollo de la ciudad al número de estacionamientos por metro cuadrado de negocio, ni agotando los recursos para obras públicas. Las autoridades, además de aplaudirles, deberían apoyarlos, invirtiendo en vías seguras para su transito, facilitar su uso en la ciudad, invertir en campañas educativas. Las autoridades mismas deberían de usarlas también, ¡cuánto aprenderían y cuántos recursos públicos ahorraríamos!

Hoy en el mundo, las ciudades y naciones se están dando cuenta de lo impostergable que resulta generar políticas de fomento a la movilidad no motorizada. Ya no sólo es Dinamarca y los países escandinavos, también Tenerife, Curitiba, Bogotá. En Chile la Presidencia de la República presentó un proyecto de ley que incentiva el uso, fomento e integración de la bicicleta. La semana pasada el Gobierno del Distrito Federal dio a conocer una serie de reformas al Reglamento de Tránsito Metropolitano, que castiga con mayores multas a los automovilistas que no respetan a ciclistas y peatones.

En España, según datos del Real Automóvil Club, muere un ciclista cada cuatro días, la mayoría de los casos provocados por normas de seguridad que los automovilistas no respetan, por lo que la atención a la normativa y educación se incrementa. En nuestra ciudad, el esfuerzo ciudadano y el compromiso de algunas autoridades han generado avances, pero insuficientes para el tamaño del reto. No podemos poner en riesgo el uso de la bicicleta, un recurso estratégico avalado globalmente por su potencial ante el deterioro ambiental y los problemas urbanos.

Hoy sabemos que en Guadalajara hay más autos que árboles y que cada día se incorporan 300 autos más. Sobran argumentos para entender que es equivocado seguir invirtiendo en infraestructura que fomenta el uso del vehículo particular, además con pésima cultura vial. Necesitamos políticas y acciones que fomenten el uso de la bicicleta y el mejoramiento del transporte público.

Los cuatro ciclistas muertos en una semana, entre ellos un niño de nueve años, son una fuerte llamada de atención, son una desgracia. No nos podemos desanimar. ¡No más bicicletas blancas de vidas truncadas!, ¡queremos y necesitamos bicicletas de colores inyectando vida a nuestra ciudad!

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