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Universidades que se muevan




Dos millones de autos invaden nuestra ciudad todos los días generando los problemas de congestión vehicular que todos conocemos. Aunque no contamos con datos confiables sobre kilómetros recorridos por cada automóvil, si se puede resolver gran parte de la problemática con soluciones que se concentren en los atractores de viajes buscando minimizar el impacto que generan. Entre esos atractores están las universidades.

Todos los días decenas de miles de estudiantes se desplazan en auto hacia los centros de estudio incrementando significativamente los problemas de movilidad urbana. Ojalá sobrara decir que, por juventud, salud física y voluntad, los estudiantes son uno de los sectores sociales que con mayor facilidad podría dar cabida a un cambio de hábitos en su manera de transportarse. Pero, ni las autoridades universitarias, ni las gubernamentales, parecen estar demasiado interesadas en el tema.

La universidad pública estudia un sistema de transporte escolar con costo, que seguro tenderá a convertirse en una empresa para-universitaria más y que da la impresión de estar orientado a dar servicio solo a los estudiantes que no tienen auto. Ante la insuficiencia de estacionamientos, lo que la U de G debería buscar es un acuerdo con los municipios para administrar las tarifas de parquímetros en las afueras de sus centros de estudio y con ese ingreso garantizar un sistema de transporte escolar gratuito, que en paralelo encarezca el uso de automóviles.

En el ITESO, la organización Movilidad Solidaria lleva años promoviendo el uso compartido del auto, en el Tec de Monterrey los integrantes de Bicitec gestionan la instalación de más bici puertos y un sistema interno de préstamo de bicis. Sin embargo, a pesar de estos y otros esfuerzos comunitarios, solo estas 2 universidades generan más de 20,000 viajes en auto a sus respectivos campus y los sistemas de transporte escolar son apenas incipientes y poco significativos. En ambos casos, el acceso al estacionamiento es gratuito, es decir, subsidiado por el costo de la colegiatura. Otro gallo cantaría si lo gratuito fuera un transporte escolar con cobertura y servicio desde toda la ciudad y el estacionamiento fuera el que tuviera un significativo costo extra que desincentive ir en auto, aportando sustentabilidad al sistema.

En todos los casos, bastaría la buena voluntad de las autoridades universitarias para generar grandes transformaciones en el tema, pero esto ya debería estar regulado por al menos algún reglamento municipal y deberían existir estímulos fiscales que lo facilitaran. Las universidades en el área metropolitana generan casi 100,000 viajes diarios en auto. Una rebanada importante del pastel.

Además, las universidades tienen un doble compromiso ya que, además de ser parte del problema, son instancias obligadas a educar y concientizar de la problemática a quienes tomarán las riendas de la ciudad en el futuro próximo. Si bien ya no pudieron ser pioneras en temas de movilidad, al menos no deberían quedarse atrás.



Originalmente publicado en Milenio Jalisco.

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