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Crisis de movilidad



A partir de los lamentables sucesos de la semana pasada en que un autobús arrolló a los transeúntes que esperaban afuera de la prepa 10, se han dicho muchas cosas sobre el transporte en la ciudad y, aunque una parte importante responde solamente a intereses de tipo político-electoral, los comentarios más certeros coinciden en denunciar la evidente crisis por la que atraviesa el modelo de transporte en la ciudad. Hemos tocado fondo. 

Esta crisis revela un consenso social en la necesidad de transformar prácticamente todo lo relacionado a movilidad. Ya no hay, ni habrá discursos que puedan retrasar o adormecer la demanda social. 

Transformar el modelo implica revisar con firmeza concesión por concesión, no pretendiendo buscar las unidades que incumplen con los mínimos de calidad, sino retirando radicalmente concesiones y renovando exclusivamente a aquellas que en verdad puedan otorgar un servicio de altos estándares. 

Transformar el modelo implica orientar la inversión pública a la movilidad recuperando el control del estado de la mayoría de los viajes que se realizan en el transporte colectivo. Implica reducir paulatinamente al mínimo posible la operación de particulares en el mediano plazo. 

Transformar el modelo implica otorgar vías exclusivas al transporte público que garanticen su eficiencia en tiempos, aunque eso implique reducir la capacidad vial en detrimento del automóvil, como por cierto lo marca la ley. 

Transformar el modelo implica contar con unidades equipadas con cámaras, posicionamiento satelital, con mejores condiciones mecánicas y motores más eficientes. Implica otorgar toda la información al usuario desde el paradero que le permita tomar decisiones de movilidad. Implica rutas completas con unidades con condiciones de accesibilidad aptas para adultos mayores, niños, mujeres embarazadas y personas con alguna discapacidad. 

Transformar el modelo implica renovar las banquetas y los corredores peatonales que permitan a todos los usuarios llegar de manera segura al paradero o a la estación. Implica contar con condiciones de intermodalidad que permitan a usuarios de la bici interactuar con el transporte público ya sea mediante guarda-bicicletas seguros en estaciones o con unidades equipadas con porta-bicis que permitan transportar el vehículo. 

Transformar el modelo implica unificar los cobros del transporte mediante un sistema de prepago que convierta en cosa del pasado el peligroso distractor del pago a la mano del conductor. Implica garantizar la capacitación de choferes y la mejora inmediata de sus condiciones laborales, y por lo tanto anímicas. Implica prohibir de tajo la posibilidad de que el chofer gane por comisión del pasaje, no podemos permitir nunca más que unos vayan persiguiendo a otros para ganar el pasaje.

Transformar el modelo sin duda no será algo sencillo, pero no es una decisión que se pueda postergar. Urge que lo transformemos radicalmente. Ya.


Originalmente publicada en Milenio diario.

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