Cada estante en el supermercado tiene cierta cantidad de productos para ser elegidos libremente por los compradores, paulatinamente, habrá más de los productos que más se venden y los que se venden menos ocuparán menos espacio. La oferta y la demanda determinan el aspecto de una estantería comercial o de un aparador haciendo más funcional el proceso de compra de un consumidor. Pero para la ciudad no funciona igual. Los hábitos de consumo de los habitantes, no pueden, ni deben ser determinantes para el desarrollo de las soluciones. Por ejemplo la distribución del agua. Por un lado, es prioritario que todos los habitantes de la ciudad tengan agua; por el otro, no se puede garantizar a todos consumir cualquier cantidad de un recurso finito. La política que determine la distribución del liquido debe contemplar minimizar el consumo de un bien que es fundamental para todos, y no porque aumente la demanda per cápita de agua deberíamos simplemente aumentar el volum...