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Transporte con transparencia

La creación de un nuevo modelo de transporte público, como se propone la recién creada comisión mixta, pasa por muchísimas aristas y toca diversos intereses y matices de tipo legal, social, económico y ambiental.  Es de esperarse, al menos complicado, la generación de acuerdos en esa comisión para establecer los criterios que deberán ser prioritarios para el establecimiento del nuevo modelo. Solo la sustentabilidad del sistema arrastrará debates que deberán considerar desde el aumento del parque vehicular, provocado en parte por un sistema deficiente; la participación y responsabilidad del estado en la prestación del servicio; los derechos del usuario; las condiciones laborales de los choferes; la rentabilidad del esquema, tan importante para el empresario transportista; y aspectos como la competitividad urbana o la accesibilidad que ofrece. En todos los escenarios, la modificación del esquema alterará el orden de quienes hoy poseen concesiones y operan...

Una ley de movilidad

No somos ciclistas, ni automovilistas, ni usuarios del transporte público, ni peatones. Las etiquetas simplemente sobran. Todos somos, más allá de la manera en que nos desplacemos de un lugar a otro, simplemente ciudadanos con el mismo derecho al uso de la vía pública. Todos respiramos las mismas partículas suspendidas en el aire producto de la manera en que nos movemos. Todos padecemos las externalidades por la saturación de las arterias viales de la ciudad. Una ley de movilidad contemporánea debería tener, como intención principal, garantizar condiciones de equidad en el uso de la vía pública. Este principio rector garantizaría, entre muchas otras cosas, tanto el desarrollo de infraestructuras accesibles que mitiguen las dificultades de tránsito que padecen personas con discapacidades, niños o adultos mayores; como el establecimiento de límites al costo de la tarifa del transporte público con base en la capacidad adquisitiva del usuario. Otro elemento fundame...

Doscientos kilómetros de ciclovías que podrían no servir de nada

El gobernador del estado se ha comprometido, en su discurso de toma de protesta, a entregar al menos 200 kilómetros de ciclovías en el área metropolitana durante su administración. Si bien 200 km no es tanto para una red de vías ciclistas interconectadas en Guadalajara, tampoco se puede decir que es poco. Para poder medir si el esfuerzo de una administración en el tema es en realidad suficiente, o no, tendríamos que remitirnos a la pregunta original: ¿para qué diablos hacer ciclovías?  Si bien la seguridad del ciclista es un argumento fundamental que no debe ser desestimado, la realidad es que andar en bicicleta en la ciudad no es tan inseguro, considerando que se estima que se realizan 212,000 viajes diarios en bicicleta y se han contabilizado solo 116 decesos en los últimos 4 años y medio. Un accidente fatal cada poco más de 3 millones de viajes. Además, la seguridad del ciclista pasa más por la consolidación de una buena cultura vial dirigida a todos lo...

Convencer con razones

El discurso de toma de protesta del gobernador fue, al menos en materia de movilidad, un océano de buenas intenciones: Tren ligero, autobuses de tránsito rápido, vías ciclistas, zonas 30 con accesibilidad preferencial, mejores banquetas.  Todas, buenas noticias. Quedó claro que el equipo a cargo del nuevo gobierno sabe qué. Ahora habrá que preguntarnos si sabe cómo. Por cómo, no me refiero a los aspectos técnicos de corte ingenieril o de diseño, a sabiendas que la experiencia local cubre con creces las necesidades de conocimiento en esas áreas. Me refiero a la gestión social. Todos y cada uno de los proyectos de movilidad mencionados por el gobernador implican una inevitable polémica por alguna u otra causa y requieren de un acompañamiento de comunicación, sensibilización y delicada labor de gestión social y negociación política que en algunos casos, suena imposible. Las líneas de tren, por ejemplo, no aparecerán con una varita mágica. El gobierno ten...

Del dicho al hecho

Si en algo fallaron los gobiernos panistas a lo largo de estos 18 años fue en movilidad. La era panista significó para la ciudad de Guadalajara una constante y desproporcionada expansión de la infraestructura vehicular: túneles, puentes y avenidas desparramaron indiscriminadamente la ciudad y disgregaron comunidades, pero sobre todo ocasionaron el mayor incremento histórico del parque vehicular que hoy provoca problemas de congestión aparentemente imposibles de resolver. Durante tres sexenios, la línea 1 de Macrobús es la única inversión de transporte masivo que realizó el estado y se permitió irresponsablemente el deterioro del transporte colectivo convencional.  En cambio, se edificaron casi todos los túneles en López Mateos, los pasos a desnivel en Periférico, el puente del Álamo, el inútil y costoso puente atirantado y decenas de obras más orientadas a la movilidad en auto, hoy invariablemente saturadas y colocando a la ciudad al borde de la catást...

Hacia un cambio de paradigma

Habitualmente el tomador de decisiones o diseñador de la infraestructura vial suele considerar para efectos de análisis del problema por resolver, todos los factores que afectan o podrían afectar a la posible solución de la manera más razonable posible. De entre estos factores, la sobrepoblación de automóviles y los problemas derivados de esta; demanda de estacionamiento, falta de cultura vial o malos hábitos; suelen jugar un papel fundamental. Bajo las premisas de demanda de tráfico o bien de resignación ante la ausencia de cultura vial tan común en nuestra sociedad, el diseño de un cruce peatonal suele terminar siendo un puente que, si bien puede ser justificado en términos de la seguridad que otorga al peatón, ejerce una forma de discriminación entre diferentes medios de desplazamiento otorgando ventaja, invariablemente, al automóvil. No sería posible, por ejemplo, concebir un carril confinado de uso exclusivo para el transporte público si solo se toman en cu...

Hacia una ciudad ciclista

Pocas ciudades en el mundo han visto movimientos tan consistentes a favor de una movilidad no motorizada como Guadalajara. El movimiento ciclista ha mantenido en la agenda pública, como nadie, el sueño de contar con una ciudad que promueva los desplazamientos alternativos al automóvil. A pesar de todos estos años de activación ciudadana, de paseos ciclistas, de oposición al desarrollo de más infraestructura automotriz y el costo que implica, de gestión e incluso de propuestas provenientes de la ciudadanía, nada ha ocurrido. La ciudad sigue siendo inhóspita para el peatón y el ciclista, y las condiciones siguen estimulando el aumento de automóviles en un círculo vicioso que parece no tener fin. Por alguna razón ninguna autoridad ha sido capaz de entender el potencial de, por ejemplo, contar con una red ciclista que no solo mejoraría las condiciones de desplazamiento de los ciclistas urbanos, sino que estimularía automáticamente a muchísimas personas a sustituir ...