Cuando Edith tenía cuatro años, en la durísima post guerra parisina de 1919, una meningitis la dejó ciega, pero poco después recobró la vista gracias, según explicó su abuela, al devoto peregrinaje a la iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, en Lisieux, que la mujer hizo con su nieta. Si los primeros años de vida de Edtih fueron difíciles, más lo fue su adolescencia. Cuando tenía diez años su padre enfermó gravemente y la pequeña empezó a cantar por la calle, recogiendo las escasas monedas que los viandantes le arrojaban. En aquellas primeras actuaciones, Edith cantaba la Marsellesa, el himno nacional, la única canción que conocía. Cinco años más tarde conoció a su media hermana Simone, una niña de 12 años, hija ilegítima de su padre, y se pusieron a trabajar juntas. Una cantaba y la otra hacía malabarismos y recogía las monedas. Pobres como ratas, Edith y Simone dormían en las bodegas o en las calles, resguardándose como podían de la dura intemperie y sin poder comer caliente cada día. LEER BIOGRAFÍA COMPLETA
“Todo empezó buscando información sobre estas dos enfermedades. Así me entere de los sitios pro-anna y pro-mia. Empecé a leer y a leer, a ver fotos (las llamadas “Thinspirations”). Y fui cayendo en la trampa. Ahora no veo la hora de llegar a mi meta: pesar 45 Kg. Sé que suena poco, mido 1.60 m. Pero es algo que no puedo dejar de pensar. Cada vez como menos. Con cada gramo que bajo al día, me sobreviene una felicidad enorme”. Este es un fragmento de una conversación entre las miles de adolescentes, que utilizan las paginas webs ”pro-anna” (pro-anorexicas) y “pro-mia” (pro-bulímica) que proliferan por Internet, en las que se promueven estos trastornos alimenticios y los convierten en una forma de vida marginal, no aceptada por la sociedad. LEER 1ra PARTE. LEER 2da PARTE.
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